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  Purgatorio / Purgatory <   previous   |   next   >

Lo agarraron la primera vez que lo intentó, quando quería saltar la valla del Puente de la Amistad. Le abrieron el bolso que llevaba en la espalda, en el que un sospechoso bulto cuadrado aristaba la tela, amenazando rasgarla. Su carrera de sacoleiro no duró ni una vuelta.

Entre sus antecedentes no oficiales figuraba el contrabanco de mandarinas, tres, desde una casa hasta su refugio, abajo del monumento al Mariscal.

Dos veces, cuando se había sentido solo, se había al fastix; pero no había mejorado mucho.

Después de quitarle el bolso, lo llevaron provisoriamente al penal de Ciudad del Este, y lo encerraron en una celda común con todos los presos. Dentro de tres días lo trasladan a Asunción. En el encierro provisorio conoció a su maestro, doce años mayor. Ahora se avergüenza de que el fastix lo hizo toser, y habla de la cocaína con propiedad, aunque no la distinga de una bolsa de cal. Ahora habla de calibres y dueños de bancos, y no habla más de mandarinas.

Pero nadie tiene ganas de escucharlo.



    He wanted to jump over the fence at Puente de Amistad. They caught him the first time he tried. They opened his backpack – a suspicious square bulge scratched the fabric, threatening to rip it.

    His career as a thief didn't even last one round. There appears in his non-official prior records "the smuggling of tangerines" – three, from a house to his shelter located underneath the monumento al Mariscal.

    Twice, when he felt lonely, he clung to fastix; but it didn't help much.

    After taking his backpack, they jailed him temporarily in Cuidad del Este, locking him in a common cell with all the prisoners. Within three days, they transferred him to Asunción. In his interim confinement, he met his teacher, twelve years older.

    Now, he is ashamed that he coughed when he tried fastix, and he talks with assurance about cocaine, even though he can't distinguish it from a bag of lime.

    He doesn't talk about tangerines anymore. He talks about calibres – and bank owners.

    But nobody wants to listen.


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