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Jóvenes Mediadores Traen
Paz a un Medellín Ingobernable

Por Steven Ambrus

Era una situación potencialmente fatal. Un grupo de muchachas adolescentes en Medellín, acusó a un muchacho de acosarlas sexualmente. Ex miembros de una milicia armada de jóvenes, indignados, amenazaron al muchacho con desterrarlo del barrio e inclusive de muerte. El muchacho tenía la certeza de que iba a ser linchado en una esquina en cualquier momento.

Pero mediadores del Centro de resolución de Conflictos de Moravia se enteraron y convocaron inmediatamente al acusado, los acusadores y la milicia a dar su testimonio. Entonces sostuvieron largos días de audiencias y llegaron a una conclusión aceptada por todos: el supuesto acosamiento era nada más que rumores adornados por un grupo de chismosos.

"Pocos años atrás simples chismes como estos podrían haber resultado en la muerte del muchacho en manos de una pandilla," dice Hernaldo Roldán, el director de 42 años del Centro. "Pero los mediadores se han convertido en un punto de referencia. Cualquier disputa, grande o pequeña, es llevada a los mediadores que viven en el barrio y tienen la autoridad moral para encontrar una solución respetable."

Hernando Roldán

Una Ardua Lista de 5,000 Casos

Desde su Fundación en 1995, los conciliadores del Centro de Resolución, ocho adultos y seis jóvenes, han mediado cerca de 5.000 disputas sobre alquileres, propiedad, alegatos de robo, abuso sexual y prostitución. Y han conseguido resolver juicios sumarios en cortes ad hoc, haciendo de esta forma que barrios que tradicionalmente estaban fuera de la ley se vean a sí mismos como partes de un sistema legal en funcionamiento.

El éxito del proyecto ha llevado a que se levanten centros en otros cuatro barrios con la ayuda de Roldán. Dos escuelas secundarias han comenzado entrenamientos en mediación como una forma de frenar rivalidades entre adolescentes y que la violencia entre pandillas no se esparza a ataques de callejón o muertes. Las autoridades gubernamentales, usualmente ausentes en los barrios pobres, han mostrado un gran interés en duplicar el experimento, ya que es uno de los pocos que ha conseguido contener, e inclusive revertir, 15 años de violencia de pandillas y drogas en Medellín.

Pero Roldán, un hombre alto, flaco de pelo corto y mirada penetrante, conoce los riesgos. La tasa de homicidios, ahora en 10 personas por año, era más de 55 en 1992, según la Oficina de Paz de Medellín. Ese fue el año en que entró por primera vez como asistente social a la villa miseria (barrio, barrio de emergencia) en la que sus 40.000 pobladores viven en lo que fuera un basural de la Ciudad.

Milicias armadas con metralletas atravesaban las calles. Sus secuaces extorsionaban a los dueños de comercios, improvisaban juicios y ejecutaban a supuestos ladrones y traficantes de drogas en la calle. Bandos rivales se mataban unos a otros sin la más mínima compasión.

Sólo después de que el gobierno municipal ofreciera cientos de miles de dólares, en proyectos de ingeniería civil para la municipalidad y trabajos en la construcción y capacitación para los miembros de las milicias, estos consideraron pacificarse. Y sólo bajo considerable presión de la comunidad las milicias firmaron un acuerdo de paz, el desarme y dejar que Roldán se encargue del asunto.


Remplazando Milicias por Mediadores

"Este era un barrio increíblemente violento, uno de los peores de Medellín, un lugar poblado por gente humilde que han usurpado tierras y que no tienen título de propiedad de sus terrenos o casas, sin presencia policial o sistema judicial; un terreno fértil para las milicias que podían ofrecer algún tipo de orden," aclara Roldán. "Necesitábamos empezar de cero, crear nuevas estructuras que tuvieran maneras más pacíficas, menos dolorosas de resolver problemas."

Las fuerzas de seguridad basadas en Moravia eran tan abusivas que los líderes comunitarios solicitaron que sean transferidas. La policía, corrompida por traficantes de drogas y otros criminales, crearon desconfianza entre los pobladores en tanto que no entraban al barrio por miedo a enfrentarse a las milicias. Las cortes, plagadas de ineficiencia, eran prácticamente inútiles, algo que se refleja en el hecho de que el 97% de los crímenes quedaban sin resolver.

Pero Roldán tenía experiencia con estructuras comunitarias alternativas. Él había trabajado de adolescente como organizador de las brigadas para mejorar las casas de chapa y madera de los ocupadores de tierra, con mejores materiales; y más tarde en un exitoso y amplio movimiento para forzar al gobierno a proveer agua potable, alcantarillado y electricidad a los barrios más pobres de Medellín.

Roldán se graduó de abogado en la Universidad Autónoma Latino Americana de Medellín; con una tesis en resolución de conflictos en Moravia, y estudió organización comunal y liderazgo en la misma Universidad. Él sabía que la comunidad se podía gobernar a sí misma.

Es verdad que el barrio había caído víctima de escuadrones de la muerte, sus líderes liquidados o silenciados durante la "guerra sucia" de los años ochenta contra activistas laborales y comunitarios. Pero la vieja tradición de auto-gobierno podía ser revivida. ¿Por qué no tomar esa capacidad de liderazgo y construir sobre ellas estructuras de raíz que puedan garantizar la paz?


Enfocando en una tradición de auto gobierno

"Yo quería utilizar los valores tradicionales de las comunidades y sus recursos humanos para resolver conflictos sin violencia y sin tener que recurrir a las cortes, fiscales o la policía." Dice Roldán. "No veo como alguien podría objetar esto."

Ya en 1995 él participaba prácticamente de todos los eventos en Moravia, reuniones comunales, festivales juveniles, conciertos, juegos de fútbol, para ofrecer sus ideas de resolución de conflictos y para buscar quiénes podrían ser mediadores. Aunque cualquiera con experiencia en liderazgo podía solicitar trabajar en el Centro, la cantidad de respuestas fue increíble. Alrededor de 25 adultos y 15 adolescentes fueron postulados o se ofrecieron por iniciativa propia, incluyendo ex miembros de las milicias, directores de orquesta y líderes de grupos juveniles.

Dos cursos de entrenamiento, de algunos días hasta un mes cada uno fueron provistos por abogados del Ministerio de Justicia y del Instituto Popular de Capacitación. Las autoridades a su vez, viendo que el Centro tenía una potencialidad real para reducir la violencia dieron su consentimiento.

"Pasamos semanas aprendiendo a clarificar puntos de vista, despersonalizar argumentos con un énfasis especial en la auto estima y los derechos humanos," dice Marcela Vergara, una muchacha de 23 años quien había sido una líder juvenil y que comenzó su entrenamiento en 1995 e inmediatamente se encontró teniendo que mediar en una tensa disputa sobre alquileres.

Héctor Alvarez de 17 años recuerda cómo quedó envuelto en un enfrentamiento armado en la calle entre dos grupos de adolescentes enfurecidos por un supuesto robo. Él recuerda luego haber organizado reuniones con cinco mediadores, los jóvenes, sus padres y el Padre de la Parroquia.

"Fue una situación en la que uno de los muchachos podría perfectamente haber sido asesinado," dice. "Entonces nosotros comenzamos la mediación, y aunque ninguno confesaba haber robado, nos arreglamos para que los grupos se comprometieran a un pacto de no-agresión y a juntarse en reuniones a discutir problemas en común. Fue una experiencia increíblemente enriquecedora para mí como mediador e iluminadora como líder juvenil."


Las Ventajas de la Juventud

Roldán comprobó que la apertura, franqueza e inclusive inocencia hace a los jóvenes mediadores particularmente valiosos en la resolución de conflictos. Él recuerda un caso en el que dos parejas se pasaron meses insultándose, agrediéndose unos a otros y escandalizando al barrio con acusaciones de infidelidad. "La presencia de un mediador adolescente avergonzó a las parejas que finalmente hablaron honesta y respetuosamente y lograr que aclararan sus diferencias," cuenta.

Pero había aún un beneficio más importante para los jóvenes mediadores. Grupos de jóvenes de todo tipo fueron llevados a los líderes comunitarios de Moravia en 1993 para afianzar el proceso de paz. Ellos tomaron parte en de una gobernación informal, haciendo oír sus opiniones en las reuniones municipales e influenciando decisiones en temas relevantes a la comunidad, como el uso de instalaciones recreacionales o espacios verdes.

Reclutando mediadores entre los jóvenes, Roldán les permitió sentirse útiles y con un fuerte sentido de autoridad. Esto fue deliberadamente hecho, dada la tensión que se sentía en el aire en Medellín, donde la policía, previamente se sentía en el derecho de hacer allanamientos y arrestar a cualquier adolescente sólo por el hecho de que éste viviera en un lugar pobre y violento.

"Después de años de ser ignorados y abusados, la mediación les dio a muchos de los jóvenes un sentido de importancia, de ejercicio de la autoridad y participación en el desarrollo de su comunidad," comenta Roldán. "Este sentido de la responsabilidad despertó en ellos interrogantes sobre moralidad y valores, sobre a dónde vamos como sociedad y a dónde queremos ir y quienes somos como parte de una sociedad y un país."


De control de Armas y Trabajos

El Abril pasado los mediadores se vieron forzados a enfrentarse a estos interrogantes cuando varios comerciantes de Moravia, viendo que los delitos aumentaban, se acercaron a un grupo de ex miembros de las milicias desempleados, para contratarlos como patrulleros de las calles. A lo largo de un caluroso día, cuatro adolescentes y ocho adultos mediadores se reunieron con los comerciantes y los ex miembros de las milicias en el aula de un colegio para discutir el peligro latente y las formas de evitar confrontaciones. Hablaron de las penurias y las terribles condiciones en que viven los ex delincuentes; del control de armas, de trabajo y del fracaso del programa gubernamental contra la pobreza. Finalmente acordaron que nadie se armaría ilegalmente.

"Nosotros debemos pensar en que seremos dentro de diez años, que podemos hacer por el empleo y el desarrollo sino queremos que el barrio se consuma otra vez en la violencia," agrega Alvarez.

Desde 1995 cuatro ex miembros de pandillas que habían hecho las paces y se entrenaron como mediadores fueron muertos en asesinatos por venganza. Grupos armados de todos los tipos e ideologías han intentado penetrar en los barrios más pobres del país; Roldán ve el peligro por todas partes. Pero después de haber invertido tanto en la mediación de conflictos, él cree que es una de las pocas oportunidades para crear valores cívicos y pacificar comunidades anárquicas.

Roldán agrega: "Yo he tenido la buena suerte de compartir con líderes comunales el desafío de recuperar valores comunitarios que estaban enterrados por la violencia. Ha sido una experiencia absolutamente fundamental, una lección de cómo construir una nueva forma de vida hoy para poder enfrentar el futuro mañana."


Steve Ambrus escribe para Los Angeles Times y Newsweek desde Bogotá. También ha escrito para periódicos en Inglaterra, Alemania y Hong Kong.


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